jueves, 25 de octubre de 2007

♫ Apuesta por el rock and roll ♫

Ya no puedo darte el corazón
Iré donde quieran mis botas
y si quieres que te diga qué hay que hacer
te diré que apuestes por mi derrota

Quítate la ropa, así está bien
No dejes nada por hacer
Si has venido a comprarme, lárgate
Si vas a venir conmigo, agarrate

Largémonos chica hacia el mar
No hay amanecer en esta ciudad
Y no sé si nací para correr
pero quizás sí que nací para apostar

Sé que ya nada va a ocurrir
Pero ahora estoy contra las cuerdas
y no veo ni una forma de salir
Pero voy a apostar fuerte mientras pueda

Largémonos chica hacia el mar
No hay amanecer en esta ciudad
Y no sé si nací para correr
pero quizás sí que nací para apostar

Ya no puedo darte el corazón
Perdí mi apuesta por el rock'n'roll
Perdí mi apuesta por el rock'n'roll
Perdí mi apuesta
Es la deuda que tengo que pagar
y ya no tiene sentido abandonar
Ya no tiene sentido abandonar
OOoooohhhh!!!
Noooo late el corazón.

♫ Alicia ♫


Ni un día más me quedaré sentado aquí,
en la penumbra de un jardín tan extraño.
Cae la tarde y me olvidé otra vez
de tomar una determinación.

Alicia sortilegio de babia
en el fondo del espejo.
Alicia ni supone ni piensa,
con la luna por cerebro.

Alicia en su pensamiento
tirando del hilo de su enredo.
Alicia en el laberinto
sin minotauro me llama: ¡Teseo!

Alicia es siempre tan breve
que ya ha terminado.
Alicia dice que te quiere
cuando ya te ha abandonado.

Alicia expulsada...
al país de las maravillas.
Para Alicia hoy...
es siempre todavía.

Alicia, viajando entre lunas,
de charla con musarañas.
Alicia tejiendo las nubes
con tela que nunca se acaba.

Alicia es siempre tan breve
que ya ha terminado
Alicia dice que te quiere
cuando ya te ha abandonado.

Alicia expulsada...
al país de las maravillas.

♫ Agosto ♫


La sangre gitana que llevo dentro
se mezcla en cóctel
de dulce sabor.
En la sangre gitana que llevo dentro
me arde fuego,
de mis manos, directa al corazón.
Y de madrugada, alma de alhelí,
sobrevuela, trastornando marea,
cada madrugada, alma de alhelí,
y no lo siento por mí.

Tarde o temprano
me perderé en cadenas.
Una vez en la vida
debo encontrar dentro de mí
una noche de agosto
mi alma perdida
que arrojé al mar.

Tierra prometida que nos pertenece
por obra, por arte,
y por gracia de dios.
Tierra prometida que nos pertenece,
¿qué más nos da
ser moro o cristiano,
si hay para los dos?
en la sangre gitana que llevo dentro
me arde fuego,
de mis manos, directa al corazón,
al corazón ...
una vez en la vida
debo encontrar dentro de mí
una noche de agosto
mi alma perdida
que arrojé al mar.

♫ Tumbas de Sal ♫

Las bebidas psicoactivas no bombean suficiente
ni las danzas agresivas ofrecen lo mejor de ti.
¿Quién sabe si es mejor así?
abandona el palacio al azar y a la suerte,
¡abandónalo!
Si las garras felinas se empeñan en no dejarte dormir
ni la visita a letrinas es lo que se tienta,
¿quién sabe si es mejor así?

Condena al exilio las verdades a medias,
¡condénalas!
Occidente cargado de miedo ...
"podría tratarse de magia chamán".
Ideas más torpes se han visto
entre océanos de oro y tumbas de sal.

Si las palabras escritas no te las puedes creer
fue una inútil manera de marcarnos un son.
¿Quién sabe si es mejor ceder?

Contempla el estado en que se nos dejó.
¡Contémplalo!
Occidente cargado de miedo ...
"podría tratarse de magia chamán".
Ideas más torpes se han visto
entre océanos de oro y tumbas de sal.

Heroes en Buenos Aires


Mucho antes de las 20, tres grandes símbolos rojos, donde las haches y las eses se entrelazaban como en el arte de El espíritu del vino, se encendieron para entretener la interminable espera que, una vez finalizada, significaría el tan anhelado regreso de la célebre banda zaragozana: Héroes Del Silencio. Lentamente, el campo del Club Ciudad supo recibir a más de 30 mil fanáticos que, ansiosos, aguardaron el regreso del grupo durante más de 10 años. Pasadas las nueve de la noche, con un retraso de más de una hora, los tres símbolos se convirtieron en tres pantallas que, mientras se elevaban, proyectaron las siluetas de Enrique Bunbury y Juan Valdivia rasgueando y arpegiando la notas de "El Estanque", que fue seguido por "Deshacer el mundo": dos grandes éxitos en los que no sólo el pogo sino también los sentimientos estallaron en una extraña mezcla de euforia y melancolía. "¡Buenas noches, Buenos Aires!": un Enrique Bunbury particularmente jocoso, con camisa y pantalón de cuero, dio así la bienvenida, deseó felices primaveras para todos y dejó bien en claro que, después de 20 años, aún les resulta paradójico encontrarse a sí mismos tocando al frente de semejante público porque "en el fondo somos un grupo de club, nos gusta la cerveza y escuchar a la gente más cercana."
Antes de "La Herida", que abrió la segunda parte del espectáculo llevando a toda la banda a adelantarse y tocar sobre la pasarela mientras las pantallas descendían nuevamente y cerraban el escenario, Bunbury presentó la formación que lo acompaña en esta gira: Pedro Andreu, el virtuoso Juan Valdivia, Joaquín Cardiel y Gonzalo Valdivia hermano de Juan y reemplazante de Alan Boguslavsky . Pasando por "Bendecida", "Tesoro" y "Maldito Duende", y ahora usando la misma camisa (gris brillante) que usó durante su última gira, el gesticulante e inquieto frontman fue coreado por 30 mil voces en cada palabra de "Avalancha" y dio por terminada la noche. Sin embargo, todos sabían que esto no podía ser así, no debía ser así. Y no lo fue: dos sesiones de tres bises durante los que se destacó la sorpresiva versión de "El mar no cesa" y "La Chispa Adecuada" que, exigida por todos los presentes, fue decorada con explosiones de papelitos. A pesar de las ganas que se sentían en el aire de que el recital durara para siempre, cuando el mismísimo Enrique repitió "una más y no jodemos más", y finalizó el último tema, "En brazos de la fiebre", ya no quedaban dudas de que el sueño de verlos reunidos llegaba a su fin. Mientras un show de fuegos artificiales estallaba en el cielo, muchos, esperanzados, conjeturaban la grabación de un nuevo disco y una nueva apuesta por el rock & roll.

Heroes en Buenos Aires


Mucho antes de las 20, tres grandes símbolos rojos, donde las haches y las eses se entrelazaban como en el arte de El espíritu del vino, se encendieron para entretener la interminable espera que, una vez finalizada, significaría el tan anhelado regreso de la célebre banda zaragozana: Héroes Del Silencio. Lentamente, el campo del Club Ciudad supo recibir a más de 30 mil fanáticos que, ansiosos, aguardaron el regreso del grupo durante más de 10 años. Pasadas las nueve de la noche, con un retraso de más de una hora, los tres símbolos se convirtieron en tres pantallas que, mientras se elevaban, proyectaron las siluetas de Enrique Bunbury y Juan Valdivia rasgueando y arpegiando la notas de "El Estanque", que fue seguido por "Deshacer el mundo": dos grandes éxitos en los que no sólo el pogo sino también los sentimientos estallaron en una extraña mezcla de euforia y melancolía. "¡Buenas noches, Buenos Aires!": un Enrique Bunbury particularmente jocoso, con camisa y pantalón de cuero, dio así la bienvenida, deseó felices primaveras para todos y dejó bien en claro que, después de 20 años, aún les resulta paradójico encontrarse a sí mismos tocando al frente de semejante público porque "en el fondo somos un grupo de club, nos gusta la cerveza y escuchar a la gente más cercana."
Antes de "La Herida", que abrió la segunda parte del espectáculo llevando a toda la banda a adelantarse y tocar sobre la pasarela mientras las pantallas descendían nuevamente y cerraban el escenario, Bunbury presentó la formación que lo acompaña en esta gira: Pedro Andreu, el virtuoso Juan Valdivia, Joaquín Cardiel y Gonzalo Valdivia hermano de Juan y reemplazante de Alan Boguslavsky . Pasando por "Bendecida", "Tesoro" y "Maldito Duende", y ahora usando la misma camisa (gris brillante) que usó durante su última gira, el gesticulante e inquieto frontman fue coreado por 30 mil voces en cada palabra de "Avalancha" y dio por terminada la noche. Sin embargo, todos sabían que esto no podía ser así, no debía ser así. Y no lo fue: dos sesiones de tres bises durante los que se destacó la sorpresiva versión de "El mar no cesa" y "La Chispa Adecuada" que, exigida por todos los presentes, fue decorada con explosiones de papelitos. A pesar de las ganas que se sentían en el aire de que el recital durara para siempre, cuando el mismísimo Enrique repitió "una más y no jodemos más", y finalizó el último tema, "En brazos de la fiebre", ya no quedaban dudas de que el sueño de verlos reunidos llegaba a su fin. Mientras un show de fuegos artificiales estallaba en el cielo, muchos, esperanzados, conjeturaban la grabación de un nuevo disco y una nueva apuesta por el rock & roll.